El juego de Blancos, parte importante del carnaval, nace en
el amanecer de un Día de Reyes (seis de enero) de 1912, fundado en la necesidad
de expresar la imaginación, el juego, la amistad y de compartir la alegría que
por esas fechas reanima la vida. En una fina y exclusiva casa de citas de la
ciudad, la casa de las señoritas Robby ubicada en la Calle Real (actual Carrera
25), el atrevimiento de don Ángel María López Zarama, afamado sastre de la
ciudad, lo lleva a tomar la polvera francesa de una de las damas más
solicitadas y procede a esparcir los polvos con perfume de mujer, entre todos
los presentes con el grito de ¡Vivan los Blanquitos!, como una respuesta al ya
tradicional juego de Negros. No tardaron los compañeros del maestro cortador,
en ser víctimas primero y luego partícipes del juego. Luego, todos habrían de
salir a la calle a repetir la broma con los desprevenidos parroquianos que
salían de la Misa de Reyes de la iglesia de San Juan Bautista, repitiendo ¡Que
vivan los Negros y que vivan los Blancos!, expresión que bajo la custodia del
Galeras, se insertará por siempre y con vigor en la esencia de los pastusos.
En 1926, los estudiantes mayores de los colegios y de la
Universidad de Nariño deciden participar activamente en la fiesta, eligiendo
como su reina a Romelia Martínez, y saliendo por las calles vestidos con
disfraces en comparsas y bailando al son de la música regional, en lo que se
constituye el primer desfile, ya no del Día de Reyes, sino del 6 de enero, o
día de Blancos.
Para el 4 de enero de 1929, una cabalgata de más de
ciento cincuenta jinetes se aprestaba a ambientar los juegos del 5 y 6 de
enero, para ello se habían concentrado frente al Batallón Boyacá. A las tres de
la tarde y cuando los jinetes se hallaban listos para el gran desfile, una
familia compuesta por el padre, la madre, dos chicas, niños, tres jóvenes que
cabalgaban en cansados jamelgos y quienes iban seguidos por peones que arriaban
los mulas cargadas de petacas, y haciendo esfuerzos para que unos cerdos y
ovejas no se desbandaran y llevando a cuestas jaulas con loros y micos, sin
olvidar la "mica" (bacinilla). Era un colono antioqueño con su
familia que después de permanecer muchos años en el oriente (Putumayo), había
resuelto dejar la manigua para volver a tierra "civilizada".
Alfredo Torres Arellano y Carlos Martínez
Madroñero, organizadores del desfile, ordenaron, a dos de la cabalgata que
abrieran campo y ni cortos ni perezosos incluyeron a los viajeros entre los
alegres jinetes que minutos después hicieron el desfile. Gozosos los que del
oriente venían por tan inesperado encuentro y sin saber por qué de tan animado
"tope" ocuparon el centro rodeados de los jinetes en trance de
promocionar los carnavales, el jefe de la familia saludaba atentísimo a las
multitudes que presenciaban el paso de la cabalgata.
El grito histórico resonó alegre por todos los
ámbitos de la ciudad: ¡Viva la Famila Castañeda!, invento de Torres Arellano,
que en una inspiración digna de su talento, entró a la posteridad ese nuevo y
original signo de alegría. El colono y sus gentes desfilaron alegres y
emocionados por todas las calles de la ciudad. Los inesperados viajeros
recibieron las aclamaciones de miles de pastusos a lo largo de las vías, plazas
y avenidas de la capital nariñense.5 Al finalizar el desfile, los integrantes
de la Familia Castañeda pidieron a sus nuevos amigos que los acompañaran hasta
el Hotel París donde se alojarían, dicho hotel estaba situado en la Calle Real,
donde hoy se levanta el edificio “Zuchín” ubicado en la Carrera 25, entre
Calles 17 y 18.
Otras versiones señalan que la Familia Castañeda
caracterizada en las comparsas del 4 de enero también es una caricaturización
de la familia Bucheli Ayerbe, uno de cuyos miembros Don Julián Bucheli Ayerbe,
se convertiría en el primer gobernador del Departamento de Nariño, al despuntar
el Siglo XX.
Hasta el advenimiento del Carnavalito, el desfile
de la Familia Castañeda se constituiría en el abrebocas del Carnaval. Las
décadas de los años 30 y 40 encuentran un Carnaval ya estructurado, y ante el
advenimiento de las primeras industrias, adquiere presencia y protagonismo el
arte popular, particularmente la expresión creativa de los artistas
representada en monumentales esculturas de papel, que como escenarios rodantes
se construyen sobre plataformas móviles motorizadas, principalmente camiones.
El Carnaval de Negros y Blancos,
es la fiesta más grande e importante del sur de Colombia, si bien por su
Indicación Geográfica le pertenece a la ciudad de San Juan de Pasto, también ha
sido adoptada por otros municipios nariñenses y del suroccidente Colombiano. Se
celebra del 2 al 7 de enero de cada año, y atrae un considerable número de
turistas colombianos y extranjeros.
http://www.kizoa.es/diapositivas/d7069903k2719225o1/carnaval
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El Carnaval de Negros y Blancos, declarado en el 2002 Patrimonio Cultural de la Nación, se celebra cada año en Pasto, una ciudad andina situada en el suroccidente de Colombia, la primera semana de enero, atrayendo a un gran número de turistas provenientes de todos los rincones del país y del extranjero. La ciudad de Pasto se ha conocido históricamente como el punto de encuentro y cruce de caminos de diferentes pueblos y colonias.
Es por esta razón, que las celebraciones del Carnaval constituyen una muestra cultural autóctona que expresa una fusión perfecta de todas las influencias culturales que se encontraban a lo largo de los siglos en esta región: rituales indígenas, expresiones culturales de los españoles y de la cultura africana.



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